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  • Abel Forlino

Obtención de carne de calidad a partir de vacas lecheras

Actualizado: abr 6

La práctica de obtener carne bovina de vacas lecheras es una práctica antigua, con antecedentes en el Reino Unido y algunos países de Europa. Tomemos como ejemplo a la tradicional raza Frisona Inglesa y, también, productora de leche, que se llamaba doble propósito, y los machos eran terminados para ser vendidos para carne. Cuando la raza Holstein reemplazó a la Frisona en la década de los 1980, los terneros Holstein no tenían demanda y los productores comenzaron a inseminar las hembras más pobres de su hato con Charoláis, Belga Azul y otras razas continentales de carne. Esta cruza producía terneros muy pesados que crecían muy rápido, obteniendo así precios elevados. Los engordadores compraban estos terneros para terminarlos en sistemas intensivos con lo que obtenían un buen retorno en la inversión.


Hoy en día, esta práctica es conocida a escala mundial. El porcentaje de carne que proviene de los hatos lecheros es diferente, dependiendo de los países. Por ejemplo, en Nueva Zelanda es del 50%, en Argentina se estima entre un 15% y 20% y en Estados Unidos, oscila entre el 20% al 25%. En el caso del país norteamericano, el promedio de vida productiva de las vacas lecheras es de 2.5 lactancias. El descarte se debe a la posibilidad de remplazarlas por novillas con más alta producción, a cojeras, mastitis y el uso efectivo del semen sexado. En los Estados Unidos, también, entre el 90% y el 95% de las hembras lecheras son inseminadas artificialmente y el uso del semen sexado se ha convertido en una herramienta común para los productores de leche.


Sumado a este panorama mundial, se estima que el 65% del hato inglés es inseminado con semen de razas lecheras, mientras que el 35% recibe semen de razas de carne; no obstante, estos porcentajes están cambiando con la masificación del uso del semen sexado.


Tomando como ejemplo las cruzas con la raza Angus y el vigor híbrido, se observa que crecen más rápido, con una conformación que termina en canales de mayor rendimiento y con carne de más alta calidad.


Por esta razón, cada vez más productores usan semen sexado en las novillas y en las mejores vacas para acelerar el progreso genético, junto con semen de toros de carne en el resto del hato, para producir terneros para carne. La otra opción disponible en el mercado es el uso de embriones de razas de carne en los animales de más bajo mérito genético e inseminar con sexado y/o semen convencional las hembras más jóvenes y con más alto mérito genético. De esta manera, el rodeo sigue mejorando genéticamente.


No obstante, el desafío para los productores interesados en esta práctica es la mejora en la producción de carne de calidad, de una manera más eficiente y sin perder el foco de selección genética lechera. Los objetivos del hato lechero deben seguir siendo la prioridad.


Lo que hay qué tomar en cuenta en programas genéticos

Existen indicadores que nos orientan a tomar decisiones correctas respecto al desarrollo de un programa genético. Uno de ellos es la tasa de reposición que determinará si el hato crece lo suficiente o simplemente se mantiene. Otros indicadores en los hatos lecheros para analizar son la tasa de preñez, la mortalidad en la cría y recría y el número de rechazos, que también son determinados por un análisis de la situación actual del hato. Todos estos indicadores nos orientarán a elegir el programa a implementar, o hasta descartar si las condiciones no son las adecuadas.


Los programas genéticos son importantes para las lecherías, no solo para garantizar que la próxima generación de hembras produzca igual o mejor que la generación anterior, sino también para analizar si existen oportunidades de aumentar la rentabilidad con las vacas que no producen y que no nos interesa replicar su genética. Es decir, un buen programa consiste en incorporar la mejor genética posible, pero también de eliminar la genética más pobre.


Es importante hacer un diagnóstico real de la situación reproductiva, productiva y genética; con ello, se pueden hacer vaquillonas según la necesidad del productor lechero y seleccionar aquellos con el más alto potencial genético.


Una de las técnicas utilizadas, en este caso, es el uso de semen sexado, dirigido para la parte de alto mérito genética (GTPI, Mérito Neto, entre otros) del hato para crear vaquillonas de reemplazo, además de aumentar la intensidad de selección y acelerar el progreso genético. En este sentido, el progreso genético se centra en la selección de los mejores padres para mejorar la próxima generación. Para el grupo de bajo mérito genético, mediante el uso semen o embriones de razas de carne, evitamos continuar con la reposición de vaquillonas y recría de machos Holstein o Jersey de baja eficiencia de conversión y costosa cría y terminación.


La razón principal tras lo discutido en este artículo es darle valor agregado a través de la genética de carne de calidad a la descendencia, ya sea de cruzas o de embriones de razas de carne, comparado con el ternero macho (Holstein, Jersey) lechero tradicional. La práctica resulta en un mejor retorno de la inversión comparado con terneros Holstein y Jersey de genética lechera dado que aumenta el nivel de rentabilidad, optimiza la eficiencia de conversión y terminación de los novillos y genera carne de alta calidad con buenos precios.


Es necesario, por lo tanto, aprovechar todos los vientres de la manera más eficiente y rentable, combinando así la producción lechera con el negocio de la carne. No obstante, no es aplicable para todos los hatos lecheros por las razones previamente mencionadas.


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Fuente: CarneTec.com

Autor: Abel Forlino

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